Te quise... conocer, explicar, confesar, contarte una vida entera, apoyarme para salir de un pozo sin fondo enredado entre las ramas, creer, ser recíproco en medida e intensidad, descubrirte poco a poco al niño escondido que ya veías entre líneas detrás de las bambalinas.
Te quería... decir, contar, explicar, aclarar aquello que no entendiste bien por mis carencias e incapacidad, demostrar los restos candentes de un volcán que nunca se apagó, imaginar en un camino conjunto de la mano, esperar hasta el final de los días, visitar y compartir contigo lo poco que había conseguido reunir de fuerzas y de las pocas piezas del puzle que no se habían quemado, roto o perdido por el camino.
Te quiero... desconocer, redescubrir, reconocer, revisitar, recuperar en mi vida, compartir cada pieza reconstruida y las que quedan por reparar, cada recoveco desolado de mis páramos y de los polvorientos confines de esta cabeza hueca, de chorlito, de loco, de lobo enamorado de la Luna que aúlla cada vez que ésta se aleja, recorrer como los espacios infinitos entre las palabras de mi libro favorito, coger de la mano y llevarte de viaje a donde ni siquiera el universo nos haya abierto el camino, abriéndonos paso y comiéndonos el mundo, acompañar en esta breve experiencia que es la vida y curiosear a dónde te lleva, admirar en tu proceso y ante cualquier circunstancia, escoger como a la película favorita que nunca te cansas de ver, cantar como si de un concierto privado a la fan número uno se tratase, complementar como la Luna reflejando la luz del Sol, comer como el lobo feroz, pero a besos, con amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario