Somos un 99.999999% espacio. Vacío. Estamos huecos. Y todos tenemos anhelos y muchos sentimos ese vacío dentro de nosotros. Todo el espacio visible no alcanza a cubrir la masa de un centímetro cúbico de vacío. El vacío pesa como el universo, y algunos de nosotros lo notamos.
El peso del infinito, que se contrae, como un nudo en el estómago.
La Luna me saludaba ayer y anteayer, como protragonista del cielo. Ella, caprichosa y presumida, se contonea llena como actriz principal del firmamento, con las estrellas como decorado. Al cruzar nuestros ojos, ella me pide que le aúlle, bien alto, que se oiga en todo el barrio. Yo lo hago con el corazón pues no soy quién para despertar a nadie. Pero el cruce de nuestras miradas genera chispas que ya quisiera el Sol, que no nos deja mirarle a la cara, orgulloso.
Me veo caminando por la playa, sin pisar la arena, sino losas de mármol que me guíen hasta el mar. Andar poco a poco, hundiéndome lentamente, hasta que los oídos colapsen en un ruido blanco vacío, que me traiga paz y me haga rememorar otra canción, y pensar en mis cosas. Soltar un grito que nadie oiga, creando un pequeño burbujeo disonante bajo la inmensidad del mar. Como un leve destello titilante de una estrella lejana que sólo se deja ver en la oscuridad más absoluta, escondida en un pequeño rincón recóndito del cosmos. Y todo para prevenir flotar y volver a la superficie.
Son éstos momentos pletóricos, apenas perceptibles y tan efímeros, en los que encuentro mi hueco vacío para dejar migas de pan, destellos de la explosión interna y latente, cual volcán, que lentamente deja escapar la lava como un lento sangrado. Muy apropiado, puesto que viene del corazón. Pero el agua seca la lava, como si de glóbulos blancos se tratasen, costrizando cualquier herida. El agua lo cura todo. Quiero sentirme envuelto por ella. El abrazo más sutil, que se siente sin presión alguna, cuando en realidad nos presiona el mar entero.
Quiero navegar por el aire como una mota de polvo, una aventura interminable, a merced del azar. Como si cada día fuera uno totalmente nuevo, en la incertidumbre más absoluta. Como gotas de lluvia que no saben dónde van a caer, o si van a caer siquiera, levitando entre las nubes, admirando paisajes distintos a cada rato. Como fotones que no tienen claro dónde terminarán rebotando, qué destartalado cuarto, solitaria farola, tranquilos valles, fríos picos, oscuras cuevas o suaves pelajes van a iluminar. Quiero ser azar, la incertidumbre ya me ha consumido, y sólo nos queda avanzar hacia delante. Una huida hacia adelante, con coraje y valentía, y el miedo que los ratifica.
Querida Luna,
Hasta la próxima.
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