No negaré que ha sido una buena vida. Dudo que nadie encontrase la más mínima envidia desde dentro, pero también sé que visto con distancia, no la habría cambiado por nada y todo ha merecido la pena.
Estoy seguro de que antes de nacer, elegí el arquetipo del buscador, el que quiere conocer y entenderlo todo. Y para entenderlo hay que vivirlo. Seguro que me propuse como meta experimentar en mis propias carnes los sentimientos con todas sus posibles variaciones, en toda su complejidad y profundidad. Y puesto que la felicidad es más simple que el dolor, estoy abogado a terminar de completar mi álbum de miserias. Me debo estar guardando lo mejor para el final, ese que nunca llega. Seguro que muero con una sonrisa de oreja a oreja.
"Lo contrario a la depresión no es felicidad, es expresión". Me ha marcado demasiado. De alguna manera pienso que lamentarme es victimizarme y que eso me aleja de la lucha y el seguir caminando. Roto, pero sigo funcionando, ¿no? A estas alturas ya no necesito guardar secretos. La verdad cuando se oculta acaba saliendo de su escondite a puñetazos. Por fea que sea nunca quiere una máscara impuesta por los débiles o cobardes.
No me arrepiento de ser un juguete roto. No busco el amparo de la compasión de nadie, ni siquiera la propia. Algunas lágrimas son más amargas de lo que son saladas. Algunos abrazos más dolorosos que puñaladas en la espalda. Algunas promesas más frágiles que las mentiras que contamos a los niños para protegerles del dolor. No hay lágrimas saladas que me curen esta pereza, este aburrimiento de aquello que sé que no se va ni de un día a otro, ni posiblemente de una vida entera. Y la mismísima parsimonia de la aceptación me enerva a la vez que me vence. He visitado la cara oculta de la Luna para echar la vomitona de lo que pensaba que era vino de calidad y acabó siendo vinagre. Me han tirado a la basura donde cayeron todas aquellas ideas en papeles arrugados, y me estoy poniendo cómodo.
Esta noche el reloj marca la hora de despedida al mismo tiempo que el universo me pica al telefonillo para ofrecerme publicidad barata.
Caminando mi Pasión con pasión y sin compasión, pagando la pensión por adelantado, que luego nos comen los enanos. El cofre asegurado en lo más profundo del Inframundo, y la mochila perdida por algún sitio, para sentirme más ligero al saltar del precipicio, que no busco hundirme, sino darme un chapuzón. El bote ha quedado varado al lado del Faro, ya no espero visita. Que nadie busque al árbol, y mucho menos sus frutos. Las semillas se las comieron los pájaros como antaño hicieron con las migas, no voy a dejar rastro para nadie, yo ya me conozco el camino.
Para que luego me digan que no expreso, coño. Me estoy echando la bronca a mi mismo en doble sentido, a la vez que me enorgullezco. El pecho hinchado aunque sólo sea para gritar en silencio. No hay temblor ni tiriteo ni titiritero ni prestidigitador que vayan a deshacer los nudos de este coco peludo a punto de secarse. Ni estabas ni estarás, ni están ni se les espera. Que no sea por soltar, pinchemos el globo y que salga disparado, o apretemos el fogón hasta que prenda. La chispa que tengo todavía en el mechero ilumina la vista del cuadro que estoy pintando con la poca tinta que se quedó en el tintero seca, pero no hizo falta saliva para volver a darle vida.
No estoy solo, estoy con quien nunca me abandona. Y al resto.. Sayonara, baby. Eso es todo, amigos. Por si no nos vemos luego, buenos días, buenas tardes y buenas noches.
Y música, maestro.
Algunos ven la fealdad de este mundo. El desorden. A mí me enseñaron a ver la belleza. Pero todo era mentira. Y cuando vi cómo era el mundo en realidad, me di cuenta de que apenas albergaba belleza. He vivido muchas vidas, cambiando de un papel a otro, pero al final mi camino me condujo aquí. A ti. Debemos elegir una opción. He muerto muchas veces, pero tan sólo hay un final auténtico. Y es el que voy a escribir yo misma. - Dolores Abernathy