Y heme aquí, de nuevo en esta casa destartalada que atesora y esconde mis pesares. Estas paredes siguen manchadas con la sangre de las heridas de gestas remotas, agrietadas como si de cicatrices se trataran. Pero hoy estoy aquí, barriendo un poco la entrada, limpiando el pomo de la puerta, abriendo las ventanas con el aire fresco del presente, dejando un poco de mi colonia del yo de ahora, porque tengo visita.
Una visita muy especial, que como caída del cielo, ha conocido ya otros infiernos y viene hoy a reflejarse en el mío. Descalza, silenciosa y apenas perceptible, se pasea con cautela, apreciando por algún extraño motivo cada telaraña de este recóndito lugar en el que muchos otros vinieron tan sólo por curiosidad, con un interés genuino por mirarse en aquel espejo que sólo pueden ver los elegidos. Anda grácil, tímida y cautelosa, sin darse cuenta de que podría tirar la casa abajo con un mero susurro.
Ya ha escuchado los ecos de la música que viene del sótano, donde me encuentro esperando, entre las únicas cálidas mantas de paz que no se han quemado porque se han tejido con la tela del alma recientemente. No se escucha el suelo crujir pero se nota su esencia en el ambiente, mas yo no puedo salir de aquí y acercarme así como así. Me he encerrado y he dejado la llaves fuera para que la decisión no esté en mi mano. Están en el salón, donde he dejado la hoguera encendida con suficiente leña para quedarse mirándola durante horas, al lado de una carta que reza:
Querida visita,
Deseo de corazón, ése que pinta estas paredes, que este hogar de mis horrores pueda darte cobijo esta noche. Sé que mi morada está en ruinas, pero es así como la dejaron. Podrás encontrarme en el sótano, donde paso las horas escuchando música para curar mi alma. La casa es tuya, las llaves también. Haz con ambas lo que quieras. Si alguna vez quieres hablar, podemos hacerlo a través de la puerta, y si algún día necesitas un abrazo, tan solo tendrás que abrirla. Las malas lenguas dicen que muerdo pero mis dientes están gastados y no tengo intención de hacer daño, tan sólo me defiendo a partir de la duodécima puñalada.
PD: Hay fuegos fatuos en el bosque, cuentan historias de otros mundos. Fueron buena compañía tiempo atrás. El volcán está inactivo, puede que para siempre. El bote funciona y las tormentas sólo se arremolinan a mi alrededor. El faro no lleva a ninguna parte, pero es precioso y sentarse allí para mirar a las estrellas es toda una odisea. No hay nada que temer, nada que pueda hacerte daño más allá de las condiciones deplorables del lugar. Espero no despertarte en las noches de luna llena, pero aúllo por necesidad más que por placer. Las pesadillas están aquí encerradas conmigo, deberían dejarte descansar.
Te desea una feliz noche,
El lobo.

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