martes, 24 de marzo de 2026

Autopsia de un sueño

 Los sueños están hechos de magia. Esa energía pura tan poderosa, capaz de alterar los sistemas que construyen nuestra realidad. El universo la conoce y la teme, puesto que ejerce una fuerza extrema que lo remueve por dentro, convirtiéndolo en esclavo de sus designios.

Nacemos con tanta magia que la exudamos por cada poro. Nos desbordamos y nos desborda tanto que de niños estamos llenos de sueños. Tantos sueños, que soñamos incluso a plena luz del día. Y de tanto que soñamos, es normal que acabemos viviendo una realidad paralela.

Sin embargo, pocos son los adultos sin sueños rotos. Cuando un sueño se rompe, como un cristal tan frágil como una pompa de jabón, sus añicos se esparcen hacia todos los confines del mundo por entropía. Vuelven a formar parte del caos relativo que conocemos como Kosmos. Son tantos los añicos, y tanta la distancia entre los mismos, que un sueño roto no puede volver a recomponerse. No tiene arreglo. Uno puede volver a soñar otra vez con algo similar, pero siempre será por segunda vez. Lo que ya ha muerto no puede morir, las primeras veces son únicas, intransferibles, irrepetibles.

No podemos desconocer lo conocido. No existe, más allá del plano teórico, la vuelta atrás. Volver te lleva de nuevo pero con todo lo recorrido a la espalda. Y cada pasó dejó su huella, sea o no visible ahora.

La magia existe y es visible para el que la busca. No son pocos los que la temen y la rechazan por lo que implicaría aceptar su existencia. A veces, sin quererlo, cuando sacamos al niño que llevamos dentro, se nos presenta en la cara y nos marca en la frente. Luego la gente lo explica como bien puede o como quiere.

Pero la magia es como cualquier objeto de valor. Tenerla implica la capacidad de perderla, y generalmente la perdemos cuando se nos rompen los sueños. Y creo que eso duele más que cualquier herida física. Porque la vida sin sueños, sin magia, es como una comida sin sabor, como una película en blanco y negro.

Hoy ha muerto un sueño, y ésta es su marcha fúnebre.

viernes, 23 de enero de 2026

Tocado y hundido

 La vida es una experta en darnos sorpresas. Por más preparados que creamos que estamos, uno nunca está realmente listo para descubrir la verdad sin sobresaltarse, ni para enfrentarse a ella y salir indemne.

No me arrepiento de mi inocencia, no me lamento por mi locura, ni me culpo por los saltos de fe que la ilusión me hace dar. Me enorgullezco de ser la mota del universo más alejada de esta sociedad de realismos y realidades que enmascaran lo bello tras lo bonito, donde se oculta lo puro y se destila lo profundo para poder satisfacer la pretensión y el brillo del latón.

Pero por más que uno acepte la pureza y la verdad como sean, uno siempre intenta aliviar el dolor cuando le aqueja, sea enfrentándolo o rehuyéndole, supongo que porque al hombre le tira el mono que lleva dentro, cuya sabiduría profunda sabe que las heridas que no se dejan de lamer, no se pueden cicatrizar.

Las palabras huecas nunca podrán satisfacer a un corazón hambriento, si no hay sustancia, no hay sustantivo, carece de consistencia de cualquier tipo. Quien se construye castillos en el aire sin cimientos, queda a merced del aire o de la gravedad, y en esa gravedad me encuentro en la que nada pudo escapar del agujero negro que tengo por hogar.

Cuando un dios sangra, una masa de seguidores entra en pánico y se cuestiona su propia existencia, y esto después genera rabia. El engaño poco importa si es intencionado para aquel que lo sufre y debe reconfigurar los cimientos de su realidad, y al final la gente pide sangre

Cuando aquél dios bajo la lluvia pasó a mirar a otro lado, pensé que lo coherente era hundirme con mi bote. Al fin y al cabo, uno en sus momentos de tristeza no valora el bombeo de su corazón. No hay lugar para la contemplación y el éxtasis por la vida. 

Y si bien salimos a flote, tanto yo como el bote, y recuperamos la pasión por vivir, respiramos aquél oxígeno y volvimos a valorar que la sangre se hiciera tinta y la tinta contase una historia, una por la que luchar y significar la firma del folio que llamamos existencia, hoy no pediré más sangre que la mía. Hoy me sacio con mi propio ser, y me lamo las heridas, y las dejo sangrar un poco, no vaya a ser que no las deje cicatrizar. Hoy me dejo cicatrizar. Aprovecharé el naufragio para recuperar el cofre y ponerlo a buen recaudo. Este mar salado no se me puede llevar a ningún lado, puesto que es más mío que de ningún otro náufrago.

Y que no me falte banda sonora para esta obra, ya que aunque las musas me abandonen la música siempre será parte de mí.

jueves, 20 de marzo de 2025

Estaba escrito en las estrellas

 Nunca voy a dejar de escribir. No puedo. Es como arrancarme el corazón, moriría desangrado.

Con esta canción en bucle de fondo que tanta historia tiene detrás y a escondidas para evitar la bronca de la musa que me tiene el corazón de media vuelta, encuentro este huequito secreto para escaparme cinco minutos que se vuelven horas perdidas y noches casi en vela, casi un avance en la dejadez de mis costumbres dañinas. Me desquito, de a poquito, de las piedras que se me han ido amontonando en la mochila, pero empiezo por las chinas en vez de por las losas, por vago, por pereza, por miedo y por comodidad. Sigo siendo un experto en procrastinar, casi no atino a representar esta faceta que casi tengo que actuar hasta lograr convertirla en mi nueva rutina. He cambiado tanto y sigo siendo el mismo, nunca fui más rápido que mi sombra. 

Escribo retazos de los cuadros que nunca supe pintar, usando palabras sobre un lienzo que no existe, tan sólo en las paredes de la caverna en la que las pinto, la parte cóncava desde la que mi cerebro proyecta todos los sentimientos que poco a poco rebosan y salen hacia fuera. Esas ramas enroscadas como babosas, cual intestino con espasmos que no sabe muy bien cómo terminar de funcionar. Hoy es él quien escribe más que yo, por eso es tan visceral, tan gráfico, tan lógico, tan insípido y tan adulto. Tan distante, como el pasado en el que vive siempre que puede.

Y eso hace que el niño salga y le mande a tomar por culo. El niño no quiere nada de eso, está harto de escuchar al adulto decirle cómo actuar sin pararse a valorar como sentir, que es el mayor sentido del vivir.

El niño no conoce límites, y anima al adulto a transgredir a través de la duda y la crítica. El adulto se presupone inteligente al cuestionar, el niño ríe sabiéndose artífice con su ilusión de transgredir las paredes que la mente pone pero que él sabe que no existen. Salta de un lado y le dice al otro que si quiere se imagine vallas para darle un sentido, ríe porque sí y le dice que imagine el chiste que más le guste al pobre que necesite excusas. Le dirán tonto, le dirán iluso, se hará daño al caerse, al jugar sin mesura ni preocupaciones, llorará y sufrirá como el que más intensamente vive cada momento, y seguirá repitiendo ese bucle mientras viva. Porque eso es lo que hace el niño. Vivir. Vive y pervive y te invita a unirte a esa locura en la que el sentido y la razón se quedan en los sueños que la sociedad llama vigilia, en las responsabilidades de las personas mayores. El niño no es mayor, aguanta al mayor que tiene al lado porque no le queda otra, pero no se deja manchar por la edad que le pesa al adulto petulante que se cree más sabio por ser más aburrido y estar más preocupado. ¿Quiénes somos para darle lecciones a los niños? ¿Qué lecciones merecen realmente la pena? ¿Cuáles realmente aportan algo que no sea miedos y preocupaciones? ¿Acaso no estaremos manchando almas puras con la suciedad que hemos ido acumulando durante estos años? ¿Acaso no nos ha empañado el alma el dolor, las decepciones y los errores que no nos perdonamos?

Dejemos a los niños ser niños. Toda la vida. Que se mueran felices, ajenos a la madurez. Dejémosle eso a los mayores que sólo lo son porque decidieron envejecer. Las almas no envejecen, sólo crecen. La noche es joven porque ahí está mi niña. Le pondremos un jersey que no se quite nunca. Y con suerte todavía estará al otro lado de la cama por la mañana. Y mientras tanto yo no dejaré de escribir, aunque el corazón se me escape a base de golpes en su celda. Quiere salir pero no tiene la llave. Finders Keepers. A ver si lo encuentras. Sólo es una referencia, cuando la encuentres te la quedas. Está esperándote. Y yo mientras tanto me aparto y me voy allí donde me han puesto, esperando paciente en los márgenes de mis sueños hechos realidad. La paciencia es un arte, pero yo no soy artista. El único arte que finjo conocer es el de poner palabras en cadena con algún aparente sentido y que a una persona en el mundo a veces incluso hasta le guste. Me inclino ante esta ovación en silencio, al final de mi obra para un solo espectador. Nunca lo hice por los aplausos ni por la fama, siempre por la necesidad impertérrita de vomitar mi corazón a chorro. No te manches, que destiñe. Traigo mi bolsa transparente para que ni eso se lo quede la imaginación. Y cuando ya no quede nada más que conocer, y sea el acontecimiento más aburrido y predecible que conozcas, te dejo incluso que bajes el telón y termines la función.

sábado, 16 de marzo de 2024

Por querer..

Te quise... conocer, explicar, confesar, contarte una vida entera, apoyarme para salir de un pozo sin fondo enredado entre las ramas, creer, ser recíproco en medida e intensidad, descubrirte poco a poco al niño escondido que ya veías entre líneas detrás de las bambalinas. 

Te quería... decir, contar, explicar, aclarar aquello que no entendiste bien por mis carencias e incapacidad,  demostrar los restos candentes de un volcán que nunca se apagó, imaginar en un camino conjunto de la mano, esperar hasta el final de los días, visitar y compartir contigo lo poco que había conseguido reunir de fuerzas y de las pocas piezas del puzle que no se habían quemado, roto o perdido por el camino.

Te quiero... desconocer, redescubrir, reconocer, revisitar, recuperar en mi vida, compartir cada pieza reconstruida y las que quedan por reparar, cada recoveco desolado de mis páramos y de los polvorientos confines de esta cabeza hueca, de chorlito, de loco, de lobo enamorado de la Luna que aúlla cada vez que ésta se aleja, recorrer como los espacios infinitos entre las palabras de mi libro favorito, coger de la mano y llevarte de viaje a donde ni siquiera el universo nos haya abierto el camino, abriéndonos paso y comiéndonos el mundo, acompañar en esta breve experiencia que es la vida y curiosear a dónde te lleva, admirar en tu proceso y ante cualquier circunstancia, escoger como a la película favorita que nunca te cansas de ver, cantar como si de un concierto privado a la fan número uno se tratase, complementar como la Luna reflejando la luz del Sol, comer como el lobo feroz, pero a besos, con amor.

Baila, que te quiero ver

viernes, 8 de octubre de 2021

Visita

 Y heme aquí, de nuevo en esta casa destartalada que atesora y esconde mis pesares. Estas paredes siguen manchadas con la sangre de las heridas de gestas remotas, agrietadas como si de cicatrices se trataran. Pero hoy estoy aquí, barriendo un poco la entrada, limpiando el pomo de la puerta, abriendo las ventanas con el aire fresco del presente, dejando un poco de mi colonia del yo de ahora, porque tengo visita.

Una visita muy especial, que como caída del cielo, ha conocido ya otros infiernos y viene hoy a reflejarse en el mío. Descalza, silenciosa y apenas perceptible, se pasea con cautela, apreciando por algún extraño motivo cada telaraña de este recóndito lugar en el que muchos otros vinieron tan sólo por curiosidad, con un interés genuino por mirarse en aquel espejo que sólo pueden ver los elegidos. Anda grácil, tímida y cautelosa, sin darse cuenta de que podría tirar la casa abajo con un mero susurro.

Ya ha escuchado los ecos de la música que viene del sótano, donde me encuentro esperando, entre las únicas cálidas mantas de paz que no se han quemado porque se han tejido con la tela del alma recientemente. No se escucha el suelo crujir pero se nota su esencia en el ambiente, mas yo no puedo salir de aquí y acercarme así como así. Me he encerrado y he dejado la llaves fuera para que la decisión no esté en mi mano. Están en el salón, donde he dejado la hoguera encendida con suficiente leña para quedarse mirándola durante horas, al lado de una carta que reza:


Querida visita,

Deseo de corazón, ése que pinta estas paredes, que este hogar de mis horrores pueda darte cobijo esta noche. Sé que mi morada está en ruinas, pero es así como la dejaron. Podrás encontrarme en el sótano, donde paso las horas escuchando música para curar mi alma. La casa es tuya, las llaves también. Haz con ambas lo que quieras. Si alguna vez quieres hablar, podemos hacerlo a través de la puerta, y si algún día necesitas un abrazo, tan solo tendrás que abrirla. Las malas lenguas dicen que muerdo pero mis dientes están gastados y no tengo intención de hacer daño, tan sólo me defiendo a partir de la duodécima puñalada.


PD: Hay fuegos fatuos en el bosque, cuentan historias de otros mundos. Fueron buena compañía tiempo atrás. El volcán está inactivo, puede que para siempre. El bote funciona y las tormentas sólo se arremolinan a mi alrededor. El faro no lleva a ninguna parte, pero es precioso y sentarse allí para mirar a las estrellas es toda una odisea. No hay nada que temer, nada que pueda hacerte daño más allá de las condiciones deplorables del lugar. Espero no despertarte en las noches de luna llena, pero aúllo por necesidad más que por placer. Las pesadillas están aquí encerradas conmigo, deberían dejarte descansar.

Te desea una feliz noche,

El lobo.




miércoles, 13 de enero de 2021

No somos nada



Madre me dijo que estamos hechos de polvo,
igual que el resto del universo, 
igual que estos versos toscos,
igual que sus besos, igual que sus ojos, 
porque nada importa más que el todo.


Madre le dijo “todos somos hijos de la luz. 
El mundo es tuyo, haz con él lo que te plazca. 
Pero nunca olvides que le debes mostrar gratitud 
y preservar su luz para el próximo que nazca. 
Tuyo es el fruto. Tuya es la semilla. 
Tuya es la arcilla con la que das forma al mundo. 
Tuya es la flor, la espuma y la maravilla. 
Eres rico como un rey y libre como un vagabundo. 
Sé inteligente y consecuente, cauto y valiente. 
Vive a tu aire libre y autosuficiente. 
Que la existencia es un vergel para el que la siente, 
así que busca el ingrediente que mejor alimente a tu mente. 
Y escoge bien los dioses a los que adoras, 
los altares en que oras, de que gente te enamoras… 
Porque pasan los siglos, como pasan las horas, 
y solo somos esporas que el tiempo esparce y devora”.


No somos nada. 
Un día nos iremos sin más. 
El resto seremos como lava, 
fluyendo esclava bajo el volcán, 
o en la grieta que en la entraña se clava. 
Y el día que queramos salir, 
solo tendremos que abrir las alas. 
Porque no ser nada es un poder: el poder serlo todo.


Decora el corazón, salte del rincón, aflora. 
Rompe ese caparazón, después del bajón, mejora. 
¿O cuál es tu plan? ¿Encerrarte a solas en tu habitación, 
mientras tu armazón se desmorona? 
Se te va a embozar el pecho si no dejas de llorar. 
El lastimoso gimoteo, por goteo colma. 
Es una lente aberrante que todo deforma. 
Otra forma de fingir que los locos nos sabemos comportar. 
Yo hablo de mí, aún hay quien me soporta. 
Si yo me alejo y tú me apartas, ojalá no se cierre esa puerta. 
Me importas. Voy a empezar a decirlo más, 
y a gestionar mi mierda y tratar bien a las personas. 
Deseos de año nuevo que no son deseos nuevos. 
Me perdonas mis torpezas y tropiezo luego.
Es un lego del ego, trato de encajar las piezas, 
pero un alma negra llevo, me hace falta una limpieza.


Ya no le busco sentido al ser. 
Ahora me basta con existir. 
No sé mañana donde estaré. 
No importa que vine a hacer aquí. 
Porque siento que hay algo bajo mi piel, 
algo que vibra dentro de mí. 
Se libra una batalla entre el mal y el bien 
y no he dejado de luchar desde que nací. 
Que allí fuera no va a parar de llover, 
creo que fue lo primero que descubrí. 
Que hay que tirar para adelante y seguir en pie, 
que nadie va a venir a bregar por ti. 
Yo me he dejado toda la vida sobre el papel 
y aún tengo mierda de sobra para escupir, 
porque; aunque estoy hasta el cuello, 
loco, seguimos en ello.


No somos nada. 
Un día nos iremos sin más. 
El resto seremos como lava, 
fluyendo esclava bajo el volcán, 
o en la grieta que en la entraña se clava. 
Y el día que queramos salir, 
solo tendremos que abrir las alas. 
Porque no ser nada es un poder: el poder serlo todo.

lunes, 21 de diciembre de 2020

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 Sólo estoy aquí para decir TODO



Para muchos no será NADA.



Ambos son lo mismo, ambos absolutos y absolutamente personales. Como si eso fuera un individualismo..


Los extremos se tocan porque son la misma cosa. Aléjate de mí, te espero dándome la vuelta. Te odio porque te amo, te necesito porque no te tengo y no te tengo porque ya estás conmigo.


A mi otro yo, cuando deje de esperarte aparecerás dentro de mí. Mientras te espero, así esperas tú ahí dentro.


Hasta siempre, cuídame mucho.


Y nunca pierdas el fuego. Sigue soplándome como al pasar los años.


Te quiere, tu otro yo.