sábado, 23 de marzo de 2013

Requiemniscence

Como el dios de una fe desatendida, que no obra milagros porque nadie se los pide, que a nadie contesta porque nadie le llama. Como el que ha muerto sin saberlo y pretende hablar con los que aún quedan en la condena de la vida. Me vuelvo al pozo, escondido. Donde sólo quien quiera realmente pueda encontrarme.
Donde mis días sean la noche y el día sean mis noches de carmín, de esta hemorragia que tapan mis entrañas, mi cuerpo, mi materia inmunda y sin valor alguno.
Fuego y tierra, tierra quemada y fuego hecho ceniza, que se esparce y vuela. Hoy soy un volcán que se apaga, donde la ceniza se enquista y enjaula. Y fuera nadie más verá más que las reminiscencias de lo que soy, pues no merecen verme sino los ojos que me miren.

Un requiem al tiempo, que muere cada día ahogado en el dolor. Pero el tiempo no muere, avivado por el dolor, acecha cada noche. Es la paz la que muere.

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