De vuelta a la cebolla, a los planos, a las mil marañas entrelazadas por el ansia de expirar el humo, que ya no sale apenas. Nicotina en cilindros de nostalgia y no al revés y este estrés que me hace más vivir en mañana que en ahora, cuando en mi ahora no llueve y no dejo de escuchar el ruido ensordecedor de la costumbre.
El aire que me apaga y a la vez me incita a volar, sabiendo que solo sólo puedo esperar. Hoy la lluvia no me hablaba. Me siento en mi mundo. Sentado pienso en el suyo y me pierdo en el bosque, en el que brillan destellos que nadie ve, porque nadie está.
Visualizo entre montañas manos apretadas y humo volviéndose vapor. Veo mares en cofres, corazones salados, velas nocturnas en la almohada del lamento, que sueña no ser él mismo. Que sueña que vive en el corazón y no en la mente.
Hoy soy la Tierra, que se deja abrazar por el mar, se deja erosionar, deshaciéndose poco a poco, fundiéndose y convirtiéndose en arena. Pues qué descortés le diría a las aguas que se marchen, en vez de pedirles que se queden para siempre..
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