Soltaría tanto.. que el mundo se llenaría de letras. Oleadas de negra tinta inundarían la Tierra, la marea os ahogaría y la lluvia ahuyentaría a los espectros. Soltaría tanto que sólo los mares me entenderían. Salado, húmedo, el sonido de una voz que me hace eco, tramposa. El sonido del firmamento.. un latido infinito. De sus manos brota la magia, rodeada en una esfera de cristal, entre el bosque y la biblioteca, entre las olas del tiempo. Daría igual cuantas veces escribiese o describiese, contase o diese por descontado, que sólo quien lo vive es capaz de asimilar cuan infinito es, cuan profundo y especial.
Después de andar el camino, una silueta asoma en el horizonte, anunciando que esto lleva hacia algún sitio. Es un faro tan grande, que se me hace imposible pensar que, ahora que lo veo, pueda volver a perderlo de vista. Me ilumina más que las estrellas, aunque no siempre me enfoca, pero guía mi camino, ilumina mi sendero. Me dirijo hacia las tierras del norte, pero sé que no hará frío, pues llevo el calor vibrante dentro de mí. Que fuego y agua se unan para crear el vapor que calienta corazones, que se une con el aire para volar y viajar hasta tierras salvajes, acariciando a las criaturas más feroces. Que la felicidad complete y de sentido a la vida y que la muerte se quede en una canción de buenas noches, en una pausa para el infinito.
Las palabras sobran, aunque no tanto como faltan para describir la dicha de ser la sombra de la luz.
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