Mi idioma, mi lengua primitiva, mi lenguaje matricial. Ése que muy pocos hablan en el mundo, y menos aún entienden. Que se desliza y se esconde, al acecho de sus víctimas, que presas caen rendidas a sus pies. El cual me posee más a mí que yo a él, el cual me quiere y me debe odiar por igual, al que tan mal trato y tanto me maltrata.. Esta relación de amor y guerra, de romances que terminan en la muerte del corazón y siguen por la resurrección del alma.
Hoy hablo más para mí que para los demás, pues sólo yo me conozco y me entiendo como nadie. Hoy es este idioma el que me traiciona y me clava un puñal por la espalda, siendo más un espejo que un cuadro. Hoy mi alma expira el humo del pasado. Inspirando el presente a palo seco, la música me embriaga los oídos, el tono de una mujer y la melodía de las nubes. Estoy en mi cuarto, entre cuatro paredes y una ventana, sin puerta aparentemente. Dos pantallas me iluminan lo justo, tal y como me siento.
Los dedos se han cansado, la cabeza pasa ya y el alma quiere dormir, lo cual sólo nos lleva al final de este texto y el principio de una ducha, donde llora todo menos yo, donde los cristales sirven de ventana hacia la bruma de la imaginación y la música de mantra al corazón, desconexión del alma para esta prisión en la que habito.
Hoy huele a nube, a nube de tormenta.
miércoles, 27 de marzo de 2013
sábado, 23 de marzo de 2013
Requiemniscence
Como el dios de una fe desatendida, que no obra milagros porque nadie se los pide, que a nadie contesta porque nadie le llama. Como el que ha muerto sin saberlo y pretende hablar con los que aún quedan en la condena de la vida. Me vuelvo al pozo, escondido. Donde sólo quien quiera realmente pueda encontrarme.
Donde mis días sean la noche y el día sean mis noches de carmín, de esta hemorragia que tapan mis entrañas, mi cuerpo, mi materia inmunda y sin valor alguno.
Fuego y tierra, tierra quemada y fuego hecho ceniza, que se esparce y vuela. Hoy soy un volcán que se apaga, donde la ceniza se enquista y enjaula. Y fuera nadie más verá más que las reminiscencias de lo que soy, pues no merecen verme sino los ojos que me miren.
Un requiem al tiempo, que muere cada día ahogado en el dolor. Pero el tiempo no muere, avivado por el dolor, acecha cada noche. Es la paz la que muere.
Donde mis días sean la noche y el día sean mis noches de carmín, de esta hemorragia que tapan mis entrañas, mi cuerpo, mi materia inmunda y sin valor alguno.
Fuego y tierra, tierra quemada y fuego hecho ceniza, que se esparce y vuela. Hoy soy un volcán que se apaga, donde la ceniza se enquista y enjaula. Y fuera nadie más verá más que las reminiscencias de lo que soy, pues no merecen verme sino los ojos que me miren.
Un requiem al tiempo, que muere cada día ahogado en el dolor. Pero el tiempo no muere, avivado por el dolor, acecha cada noche. Es la paz la que muere.
domingo, 10 de marzo de 2013
Mi Secreto
Dejé la ciencia práctica y las hipótesis por la ciencia empírica, la ciencia exacta por el fluir de incorrecciones, el directo que es la vida. Los "creo que" por los "siento tal", los "algún día" por "desde hoy". Dejé el pasado para aprender y el futuro por explorar, el presente para sentir. No dejé atrás al niño con miedo, dejé al miedo y me fui con el niño. Nunca dejé la cueva, ni el pozo, ni el bosque, porque es donde debo estar para quien quiera encontrarme y me necesite. Nunca dejé atrás el brillo que me dijeron que tenía, que no creía hasta que lo vi en los ojos de los demás y aprendí a encenderlo. Y no es que necesite ni el mérito ajeno, ni la recompensa, ni el reconocimiento, pero necesitaba sentirme vivo y sentirme yo. No es que esperara que los demás lo aceptaran, o les gustase realmente como soy, ni que eso siquiera fuera a ser de ayuda para quienes me importan. Pero no podía permitirme ser para los demás sin ser antes para mí mismo. Y si bien es cierto que al principio no me sentí aceptado, libre, ni orgulloso, a la larga a uno le aceptan o le dejan marchar.
Y hoy estoy aquí, en el bosque, sentado, sentido, sintiendo y esperando. Brilla el calor en cristales, aunque hay ojos que aún no lo ven, que pronto lo verán. Aguas termales al final de la cascada, luciérnagas artificiales y fuegos fatuos me rodean. Quien sabe donde estoy aún no está conmigo, pero el futuro se acerca cada día mientras el pasado se aleja cada noche. Con el alma despeinada, la cabeza despeluchada, el corazón descapuchado y la memoria descorchada, brindo por un día más en el flujo de mis días, por el vínculo dorado que se esconde entre las olas y la playa que siempre ha estado ahí, esperando su momento. Brindo por Asturias y el verano, los caballos y los amigos que nos llenan, que purifican el alma que la vida nos mancha.
Y hoy estoy aquí, en el bosque, sentado, sentido, sintiendo y esperando. Brilla el calor en cristales, aunque hay ojos que aún no lo ven, que pronto lo verán. Aguas termales al final de la cascada, luciérnagas artificiales y fuegos fatuos me rodean. Quien sabe donde estoy aún no está conmigo, pero el futuro se acerca cada día mientras el pasado se aleja cada noche. Con el alma despeinada, la cabeza despeluchada, el corazón descapuchado y la memoria descorchada, brindo por un día más en el flujo de mis días, por el vínculo dorado que se esconde entre las olas y la playa que siempre ha estado ahí, esperando su momento. Brindo por Asturias y el verano, los caballos y los amigos que nos llenan, que purifican el alma que la vida nos mancha.
viernes, 8 de marzo de 2013
Al habla el pasado
De vuelta a la cebolla, a los planos, a las mil marañas entrelazadas por el ansia de expirar el humo, que ya no sale apenas. Nicotina en cilindros de nostalgia y no al revés y este estrés que me hace más vivir en mañana que en ahora, cuando en mi ahora no llueve y no dejo de escuchar el ruido ensordecedor de la costumbre.
El aire que me apaga y a la vez me incita a volar, sabiendo que solo sólo puedo esperar. Hoy la lluvia no me hablaba. Me siento en mi mundo. Sentado pienso en el suyo y me pierdo en el bosque, en el que brillan destellos que nadie ve, porque nadie está.
Visualizo entre montañas manos apretadas y humo volviéndose vapor. Veo mares en cofres, corazones salados, velas nocturnas en la almohada del lamento, que sueña no ser él mismo. Que sueña que vive en el corazón y no en la mente.
Hoy soy la Tierra, que se deja abrazar por el mar, se deja erosionar, deshaciéndose poco a poco, fundiéndose y convirtiéndose en arena. Pues qué descortés le diría a las aguas que se marchen, en vez de pedirles que se queden para siempre..
El aire que me apaga y a la vez me incita a volar, sabiendo que solo sólo puedo esperar. Hoy la lluvia no me hablaba. Me siento en mi mundo. Sentado pienso en el suyo y me pierdo en el bosque, en el que brillan destellos que nadie ve, porque nadie está.
Visualizo entre montañas manos apretadas y humo volviéndose vapor. Veo mares en cofres, corazones salados, velas nocturnas en la almohada del lamento, que sueña no ser él mismo. Que sueña que vive en el corazón y no en la mente.
Hoy soy la Tierra, que se deja abrazar por el mar, se deja erosionar, deshaciéndose poco a poco, fundiéndose y convirtiéndose en arena. Pues qué descortés le diría a las aguas que se marchen, en vez de pedirles que se queden para siempre..
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)