La melancolía como estado natural, esa es mi adicción. Hasta a él le dan lecciones, "of course everything lasts forever". Yo ya empiezo a dudarlo aunque mi ilusión de crío la recuperé para Siempre. Normal que quiera, anhele. Normal que viva la vida como Aladín huyendo con la barra de pan en la mano, lanzándose a volar en alfombra mágica. La magia está en nuestras cabezas, ahí es donde se forja, se masca, macera y salta. Confías en mí?
Como en The Last Man, el cello que me evoca, que me invoca como al genio de la lámpara, como las gotas resbalando en la mampara, como el frío de los nervios que siempre me ampara, especialmente por la mañana. Como en Rock and Roll, como Volviendo a las andadas, como en Tú sabes kien soy y en A cada uno en su lugar, como en las ramas enroscadas, Con un poco de suerte acabo Despistao, o me gritan Puerta. Como Kaskade, el humo y la lluvia, como Ambkor. Como en Salamanca con Fito y el gato. Como los 20 gatos en Toledo, como A 3 metros sobre el cielo.
Tantas referencias en la cabeza maniática de las relaciones y cómo conjuga todo. Jota de primeras, pieza del puzle, rompecabezas. Como esas palabras huecas. Cuantos años van ya? Y los que nos quedan. Parece mentira, una broma de mal gusto, como en Lo Justo. Fly, Lost in Me, Dreaming my Dreams dice Cranberries, mas vueltas y vueltas en mi materia gris.
Y así podría seguir, cotorra de mí, por los siglos de los siglos, amén de Dios, de ese que quiso apartar la vista, Requiemniescence, la esencia de la reminiscencia de un Réquiem por un sueño, que deja de ser sueño. Las rocas, los mares, el fuego, los paseos por el Retiro con dos locas echadas al cuello. Meter la mano en el bolsillo y recordar lo que conservo. Esa caja de la que nunca me alejo, las cartas que no llegué a quemar, que se perdieron o las tiré sin más al vertedero.
Esa oreja con piña, que salió de la nada entre unos y ceros, salvaje. Esos ropajes que cubrían mis miedos. Esa isla a tiempo partido, prisión de ansiedades y casi rendición, por los pelos. La cama compartida con la bandera enemiga, en tierra hostil y fingiendo calma con valentía. Ese sexo efímero y vacío como prueba de victoria sutil pero con regocijo.
La niña en la biblioteca, encerrada en su jaula. O quizá los veranos de la infancia, ganando la carrera a cuatro con una Mountain Bike sin marchas. El padre gritando en medio de una plaza, dándole patadas al poste telefónico, el niño sentado a unos metros avergonzado, el público atónito.
El sentido del ridículo en la primera actuación, disfrazado de árbol de Navidad, las horas en tren hacia Murcia que me hacían temblar, escuchando a Zpu suspirar. Las tazas de la Bella y la Bestia, el niño con el que me sentía identificado. Mi primera peonza, la segunda robada en los chinos con Dani.
Pakito, Skam, el puto Omega que ya ni parece que exista. Together we will live forever mientras viva y no desista, en recordaros, en daros pistas. Prima Vista, Hildagarde, Arbol Lifa. Una historia metida en la cabeza desde la infancia a años vista.
La lluvia de esta noche que me recuerda a las mejores, Magán, Barcelona o Estepona, o el Karting de Mijas. Y así sigo, sin parar, sin pensar demasiado. A fuego, como El Bezea. La música se entremezcla en mi vida sin querer, o queriendo, si no se lo pregunto no lo sé. Podría sacar una referencia de cada vivencia hecha en notas, de Rock and Roll como patada en las pelotas, brota la lagrimita que precede a la derrota, pero aún se me pone dura. Con el corazón lleno de espuma, pompas de jabón en la Rambla.
Los capullos del WoW, uno al que tengo que ver pronto y el otro perdido de la vida, el cabrón de Reborn y Rhiex, esas dos mil horas perdidas compartidas. Mi Fotolog, las entradas en Tuenti perdidas sin quererlo, perdidas también en el recuerdo.
El medio corazón en el llavero del que habrán tirado la otra mitad, la bola Ocho que nunca llegué a robar, Doraemon ,y Dragon Ball, el último a escondidas. Cris y sus movidas, Albita y La Medalla.
Toda una vida encerrada en un puñado de centímetros cúbicos, dando vueltas latente, como una lavadora en modo centrifugado. Esto es The Prestige, las bombillas son los recuerdos, coge una y te la enseño. Tengo cientos, vívidos cuentos, incluso sueños, y aquí ninguno muere hasta que yo decida hacerlo.
No quiero ni publicar pero me parece deshonesto, ésto va a ser como la vida, la vives y ya te arrepientes luego. Pero borrar es matar, aprendí la lección el primero. Quede como miga de pan, que los pájaros ya se me comieron por dentro, estoy aquí, sentado, sentido, sintiendo, Ignomioso, con errata, por supuesto, sin tildes ni puntos por medio. En fin, mil capas aplastadas haciéndose una sola, da miedo pero en realidad siempre ha sido así. Apartamos las capas por temor al colapso, yo ya no tengo límite, entre lapso y lapso, mi mente dimite y me miente, que nadie me imite, o que incite a que siga, yo ya no sé dónde está la salida, me busco la entrada a una nueva guarida, quizá ésta me lleve al país de Alicia, seguro que el conejo y yo podemos tener unas palabras sobre ese reloj roto. Mis mil doce hacia delante y atrás, dibujando una sonrisa Chesire.
Toca dormir, que nadie mire, que nadie suspire, en un suspiro desaparezco yo, que hago magia desde que la conozco, me la enseñó un niño en el fondo del pozo. Me voy con mi cello a otro sitio, mañana me saco de quicio, quedan las letras como cicatriz en el cuerpo de este blog, un recuerdo innecesario para vergüenza futura, un relato de nada que soy yo y de todo que es el resto.
Y si vuelvo, haré como si no lo hubiera hecho.
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