domingo, 2 de junio de 2013
Réquiem
Casualidades que me tiñen de azul. A la intemperie, de pie, manteniendo el equilibrio, con el viento empujándome, a punto de hacerme caer de espaldas en mi bote. Voy contra corriente, a donde nadie ha llegado jamás. Un viaje suicida hacia la libertad. El agua que cae en mi cara y la música en mis oídos que me incitan a saltar y naufragar. No tengo frío, ni miedo a estas alturas, tan sólo impaciencia por llegar. Truenos que me rodean, las olas que no mecen sino ahogan, o eso intentan al chocar. Estoy solo y no hay nadie a quien gritar, y aun así un grito sale de mi garganta hacia el cielo. Un improperio a la tormenta, como de euforia y valor ante la muerte. Una ola me fustiga, cual látigo en la cara y caigo al agua. Fría. Aún oigo el repiquetear de la lluvia sobre el mar, y mi canción, como única compañera hacia mi destino, que sigue en mi cabeza resonando cual Réquiem. Un círculo de luz que se hace más pequeño, como un ojo de un Dios que no conozco, que se aleja, que deja de prestarme atención. Y aquí, solo en la oscuridad, en mi silencio, empieza ese ruido blanco del final de una canción, que se despide, que dice adiós. Entonces, entro en lo que parece un sueño.
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¿Volverás?
ResponderEliminarNo lo sé
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