Quiero, ansío y pienso y me recreo en esos sueños que no se cumplen, pero es cerrar los ojos y los que vienen me atosigan, me torturan, intentando devolverme a este mundo que ni es mío ni es de nadie, en el que hace tiempo que vivo de vacaciones. Vuelvo de mi galaxia para escribir, para imprimir la vida que no tengo aquí, que aún no comparto con nadie, pero que tengo en cualquier caso más allá de esta matriz de conciencia colectiva. Esta Mátrix que me sabe a rayos cada mañana. Ese papel en blanco que escribo igual que este, pero con otra tinta, en el que escribo día a día garabatos que se pierden, que andan cabizbajos por la calle, en un universo paralelo.
No he nacido para vivir sólo aquí, pero sólo moriré aquí.
Dándole vueltas a la normalidad de mi cabeza, las palabras casi vienen solas. Saber quién soy nunca será tan importante como ser algo para la gente que me importa. Igual admiro a la gente que es tanto para mí sin conocerlos tanto como desearía. Pues alguien no es nadie solo. Las personas sólo somos lo que somos para los demás, pues tenernos a nosotros mismos de por sí no es nada, si no somos algo para los demás. Y es esta infinita cadena la que algunos no comprenden y a los que el individualismo se los come poco a poco, tristemente. Descubrí que una gota son todas las gotas del mundo, una lágrima son todas y que la medida para todo es una estipulación mensurable del infinito. Y en ese infinito nuestro mundo se convierte en lo que somos, gotas de agua parecidas pero únicas, todas una y ninguna. Y hoy sólo soy una gota, deslizándome por un cristal, que no llora, ni de pena ni alegría, sólo resbala.
Aún así, si quieres conocerme, hoy estoy en la cuerda floja.
"¿Qué le voy a hacer? Si vivo tranquilo en otra galaxia, si lo conocido me asfixia, no calma mi ansia"
Nach
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