Cuando el sabor del caviar más fino ya no es una esquisitez, sino un plato de buen o mal gusto. Cuando miras las cosas desde arriba y no desde abajo. Cuando despiertas y el día no esperas que sea nuevo ni fuera de lo normal. Cuando lo normal es tanto que poco desconoces. Cuando el alma no llora por las penas, ni se alegra por los placeres de una vida cada vez más gastada, cada vez menos vida. Cuando el camino pasa a ser la silla en la que te sientas todos los días y la rutina se convierte en tu día a día a día a día.. Cuando los sabores desconocidos escasean, cuando las cosas ya no son lo que eran. Cuando perdemos la inocencia, cuando maduramos.
Echo de menos al niño que veo en los espejos que no se entera de la vida y vive. Pero una vez tomas conciencia de algo, eso ya no se borra. Ningún pájaro se olvida de volar, ningún humano olvida el dolor.
miércoles, 13 de junio de 2012
viernes, 1 de junio de 2012
Sueños vacíos
Y no sueño, o al menos no me acuerdo como antes. Me siento víctima y verdugo de mi mente, intentando escapar y a la vez quedarme aquí a vivir para siempre. Misántropomorfo. Con la boca llena y no digo nada, con el alma vacía y que con agua no se llena. Con la vena del escriba aunque escriba con la tinta de mis venas. No sé en qué punto de mi vida he dejado de vivir, ni en qué punto mi vida ha dejado de ser mía, si la he escondido, si la he tirado a la basura o si he intentado quitármela y lo he conseguido entre líneas.
Sin saber si el olor es tuyo o no es tuyo, si el reloj es mío. Queriendo demostrarte o demostrarme lo fuerte que soy, mientras las piedras caen del muro corroído, mientras la pared se desconcha, la pintura del techo cae por el exceso de humedad, el cuerpo se tumba en el suelo y alguien llama a la puerta pidiendo permiso.
No estaré vacío cuando escribo, pero el aire que respiran mis pulmones está viciado, huele a carne, humo, vientre y rabia y la mañana se hace eterna, una noche es un suspiro, y los sueños, ni eso, ya ni sueños en los que refugiarme tengo, ni de los que quiera escapar, ya ni mundo paralelo efímero asiduo y misterioso que me mate cada noche.
Mis noches están vacías.
Sin saber si el olor es tuyo o no es tuyo, si el reloj es mío. Queriendo demostrarte o demostrarme lo fuerte que soy, mientras las piedras caen del muro corroído, mientras la pared se desconcha, la pintura del techo cae por el exceso de humedad, el cuerpo se tumba en el suelo y alguien llama a la puerta pidiendo permiso.
No estaré vacío cuando escribo, pero el aire que respiran mis pulmones está viciado, huele a carne, humo, vientre y rabia y la mañana se hace eterna, una noche es un suspiro, y los sueños, ni eso, ya ni sueños en los que refugiarme tengo, ni de los que quiera escapar, ya ni mundo paralelo efímero asiduo y misterioso que me mate cada noche.
Mis noches están vacías.
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