Hoy en la cabeza me carcomen varias cosas.. Siempre he dicho que soy alguien muy críptico, pero hasta yo mismo me doy cuenta de que cada vez mis textos son menos impersonales, menos cifrados, menos inértes.. La verdad es que esto me asusta, más si pienso en que hay gente ahí fuera que, por una u otra razón me está leyendo. Pienso en que pensarán, en que quizá piensen en qué estoy pensando cuando escribo estas cosas. Círculo vicioso.
El caso es que mis miedos llevan mucho tiempo encerrados en un cofre, intactos. Cómodos en la capsula de mi cortex cerebral, dictando e imponiendo su propia justicia. Sin embargo, últimamente, mi cabeza, como un cuerpo al sufrir un esfuerzo físico, empieza a segregar por cada poro un poco de cada miedo, como si de un sudor maloliente y pegajoso se tratara.
Y alguien estará pensando en una buena ducha, el problema es que yo no sé extrapolarla a mi propia metáfora.
Limpiar mis miedos.. Suena bien, como quitárselos de encima.
M dice que para que se vayan los miedos hay que enfrentarse a ellos.. Uno de mis mayores temores está relacionado con una relación pasada (valga la redundancia). Creía que algún día algunos recuerdos que me daban dolor de cabeza dejarían de importar tanto, por aquello de que "el tiempo todo lo cura". Pero el tiempo no cura una mierda. El tiempo no es el que hace que las cosas sean distintas, es la vida. Y hoy veo mi vida pausada desde aquel instante. No he sabido seguir adelante, mi vida se ha pausado durante tanto tiempo, que el tiempo en sí mismo no ha sido suficiente.
Y hoy, según entiendo, mi problema es que no he podido perdonar. Y es cierto, no puedo. Como siempre, busco un motivo. El motivo es que aun duele, pero supuestamente si perdono dejará de doler (dado que el tiempo ya me ha demostrado que ni cura, ni hostias). Rabia, rabia contenida, lo reconozco. Rabia, rencor, odio y dolor, en resumen.
Pero lejos de revolcarme en mi propia mierda, como un cerdo en una pocilga, no quiero quedarme ahí.
Si debo perdonar sin condiciones, sé que debo hablar con ella.Y aquí viene el protagonista de mis últimas semanas, ese sudor, maloliente y pegajoso, que maneja los hilos.
No se si tengo miedo a perder mis fuerzas, por dejar atrás la rabia que me mantiene con la cabeza en alto, o si es que no quiero dejar de odiar, o si esque creo que me voy a derrumbar. Tres motivos que van muy ligados, pero son los únicos que se me ocurren.
Lo que sí que sé es que si no pensara en ella, no estaría mal, más bien todo lo contrario. Mas si no pensara en ella y no doliera, pensaría posiblemente el alguien más. Es este puto miedo del que ni se los motivos, ni los fines, ni los límites del mismo.
Mente de titanio, corazón de lino, alma de papel. Mientras la ducha emocional no me funcione, seguiré con la única que consigue hacerme pensar.
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