martes, 28 de mayo de 2013

Allí, a lo lejos

Entre tanto entretiempo y tanto tiempo que me como, entre tantos y tantas, tantas veces me he fallado que ni yo tengo palabra. Entre tanto entretenerse sin tenerse ni dejarse, sin quererse ni apartarse, como una bolla en medio del mar que se dedica a observar y a observarse, como el mal que pesa, que se esparce. Entré en terrenos peligrosos, algunos desconocidos y otros de ya lo he visto en tantos otros.
Entre la brisa y la humedad, algo se me escapa en esta soledad escogida, merecida y encontrada, requerida y repudiada a su vez. Entre tentar y tentarme, decido accidentarme entre peñascos y moverme entre las rocas, decido agonizarme y revelarme contra todo. En medio, y no en mitad de la tormenta, en medio por el gusto de que los demás se aparten si no quieren chocarse contra el mundo. Me he vuelto espejo opaco, que sólo doy reflejo a quien se busca y los demás que vean el negro de la nada que van buscando. Negro que he perdido en los ojos, y ganado en el corazón de tinta, que tinta estos párrafos como quien sangra encima, como quien se suicida y se estampa contra el sueño de un salto de libre caída, yo estampo lo de arriba, esas ramas retorcidas. Sigo en mi mundo, con las puertas y las ventanas abiertas para que el hedor a inexistencia escape y ahuyente a quien no deba entrar aquí. Descompuesto, ni el estomago ni el cuerpo, tan sólo el desaliento de gritar a voces los silencios con los que hablo y las palabras con las que callo.
Nubes grises en el cielo, que es tan sólo donde miro. Allí, a lo alto, a lo lejos y entonces suspiro.


sábado, 4 de mayo de 2013

(in)decisiones

Escribo sin música. Una sensación extraña, como si no necesitase inspiración ni empatía acústica con lo que escribo. Como si fuera a estallar y tuviera que escribirlo y sin embargo escribo con apatía, como con desgana y sin importarme apenas si al final del párrafo, voy a darle a Publicar o a cerrar la pestaña del Chrome. Una apatía por otra parte, que tampoco me preocupa ni deja de captar mi atención. Parezco el niño indeciso entre los juguetes que quiere para Reyes, pero no me siento niño, más bien anciano, como al que ya le da igual el porvenir, pero tampoco es así. Indecisiones por lo que veo, más que apatía. Cuasi insoportable, de no ser porque no hay nadie a quien moleste con mi pesadez mutante, por suerte. O por desgracia en parte también. MEH. Ya no sé si ponerme música, dormirme o aguantar despierto hasta caer derrotado en descenso por mi subconsciencia, aunque caigo derrotado cada noche y me levanto sin victoria alguna. La vida nos vence, nos allana, nos achanta, nos ahueca y después nos llena de pesar, de peso, de pesas que meter en la mochila. Mochila al hombro, y a hacer camino.

Qué coño, y música para dormir.