domingo, 11 de mayo de 2014

A veces el título es lo de menos

Vivo en una especie de mundo a parte, donde pocos pueden estar. Y no son aquellos que fueron invitados, sino aquellos que encontraron el camino.
En un lugar así, no es de extrañar que esté prácticamente deshabitado. ¿Quién quiere estar donde no hay nadie? No sabría cómo explicarlo. Éste lugar me absorbe, inflige mayor fuerza gravitacional sobre mi ánima, atrapándola, como arenas movedizas, cuanto más luches por escapar, mayor la atracción.
Como yo, hay más personas atrapadas que, quizá con más fuerza que yo consiguen escapar al influjo de este lugar, pero es imposible que desaparezcan sus sombras.. Sus huellas.
El caso es que una vez dejas de escapar, o de intentarlo, la presión cesa. Así me dejé caer, me tumbé a mirar al cielo desde este agujero negro, donde nadie me ve y yo puedo ver todo, desde mi palco al infinito. Se puede huir de todo menos de uno mismo, la única decisión posible está entre seguir a tu sombra o marcar su rumbo, y yo en la oscuridad ya no sé qué decisión tomé. Perdí el rumbo antes de perder el norte. Quizá fue sólo la consecuencia. Fuera norte, rumbo, fronteras y demases, eso aquí no existe. Cierro el ciclo ridículo, quede como recuerdo y primera miga de pan, que se puedan comer mañana los pájaros. 


"El viaje se extiende desde el comienzo del rastro hasta el final del camino"