Y ahora que voy mas sólo que la luna, con los bolsillos vacíos, el alma despeinada y sin tazas de café que despeguen de mi ánima este ánimo derrotista que no quiere más que echarse a morir a la cama, pienso que a lo mejor debí expirar espirando bajo el mar. Los días pasan como caen las hojas en otoño, apenas perceptible, con cautela pero implacables. Fue como si el mar se secara, o me diera la espalda y se alejara sin mirar atrás. Salen por mi boca palabras vacías, que ni siendo huecas y agitándolas consiguen alzar vuelo. Se caen como papeles rotos, a merced del viento. Debatiéndome si vivir, soñar, hundirme en mis sueños o volverme loco de una vez, como pretexto a mis anhelos autodestructivos.
Bebiéndome esta vida de garrafón, brindo por mis pequeños triunfos inadvertidos y por la jaqueca del mañana, que me voy a ganar a pulso.
meh..