Las religiones son necesarias al pueblo, y hasta resultan
para él un beneficio. Hasta cuando pretenden oponerse a los
progresos humanos en el conocimiento de la verdad, hay que
echarlas a un lado con todos los miramientos posibles. Pero
pedir que un gran ingenio, un Goethe, un Shakespeare, acepte
por convencimiento los dogmas de una religión cualquiera, es
pedir que un gigante calce los zapatos de un enano.
En realidad toda religión positiva es la usurpadora del
trono que pertenece a la filosofía. Por eso los filósofos
siempre serán hostiles a la religión; aún cuando debieran
considerarla como un mal necesario, unas muletas para la
debilidad morbosa del espíritu de la mayor parte de los
hombres
Schopenhauer